Danial Ortega con Dmitry Medvedev
"La decisión tomada por Nicaragua es un acto dirigido a afirmar la primacía de los principios básicos del Derecho Internacional y a contribuir a la formación de un mundo multipolar y justo."

(El presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, despues del reconocimiento de la independencia de Abjasia por parte del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega.)

Solidaridad con Abjasia y con el pueblo de Osetia del Sur

Grupo de Amistad Parlamentaria Venezuela-Abjasia

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Visitando Abjasia: "La Verdad No Tiene Fronteras"

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Hace un par de días, el ministro de asuntos exteriores de Nicaragua tenía planeada una visita a Osetia del Sur y Abjasia, así que viajamos para allá para hacerle una entrevista.

Yo nunca había estado en Abjasia y me pareció una buena oportunidad no sólo de conocer, sino que de ver cómo fue desarrollándose la vida allí después de un año y medio de ser una república independiente.

Cuando nos detuvimos a pasar la frontera, salí a fumar y vi al embajador de Nicaragua, que también viajaba con el canciller. Ya nos conocíamos, porque él nos dio una vez una entrevista. Le pregunté qué le había parecido Osetia del Sur. Sólo después de eso me di cuenta de lo extraña que era la situación: Nicaragua y Abjasia es una combinación tan exótica que incluso es difícil imaginarla. Yo conozco, dentro de lo que se pueda conocer como extranjero, algo de la cultura nicaragüense. Lo mismo puedo decir de Abjasia. En cualquier caso, conozco lo suficiente como para entender que sus realidades están hasta tal punto alejadas una de la otra que incluso con todo un ejército de traductores es muy poco probable que logren entenderse, no son las lenguas lo que los separan, es la historia, las tradiciones, la forma de ver el mundo. Me pregunté qué podría resultar de todo esto. “Ya veremos” – me dije, “sea como sea, de cualquier forma, no queda lugar a dudas de que será algo que vale la pena ver.”

Con esos pensamientos seguí viaje. El aire de mar y ese aroma soleado que está presente en cualquier costa me recordaban que ya no estábamos en Moscú, pero era de noche así que casi no podía divisarse el paisaje. Recién la mañana siguiente, cuando un sol ardiente me despertó a las seis de la mañana, me di cuenta: habíamos llegado a Abjasia.

Y la vida allí es completamente distinta. La naturaleza, en su abundancia, impone su presencia a cada paso. Supongo que es por eso que se lleva una existencia más cercana a la tierra, más sincera. La realidad está al alcance de la mano, y no queda ni tiempo ni lugar para la retórica y los caprichos a los que estamos acostumbrados en las mega polis. “Las cosas son como son” y se las llama como son.

Es increíble, pero noté esa franqueza incluso en la conversación que tuvimos con el presidente, Serguei Bagapsh. Cuando le pregunté cuáles fueron los principales logros que se alcanzaron con la llegada de la independencia no me habló ni de tratados ni de índices económicos, me dijo: “la gente por fin empieza a tomar conciencia de lo que es vivir sin estar en guerra”, con un gesto tan expresivo que no quedaban dudas de la sinceridad de sus palabras. ¿Qué retórica? “Guerra” es una palabra demasiado clara que no da lugar a interpretaciones. Guerra…, niños y mujeres que mueren, miedo, gritos…

Al día siguiente fue la entrevista con el canciller. Le pregunte qué impresiones tenía de su visita. Me habló del sufrimiento por el que tuvo que pasar el pueblo de Osetia, de los edificios destruidos que con su presencia le recuerdan al visitante los horrores de la guerra. Me habló de las ansias que tiene la gente por salir adelante, me contó que visitó una escuela que aún no se terminó de construir, en la que ya se daban clases.

Y en esos remarques sentí una enorme comprensión. El no hablaba de “un punto de vista nicaragüense con respecto a la realidad del pueblo osetio”, él hablaba de Osetia. El, a pesar de ser tan distinto, lo entendió perfectamente, y no eran necesarios los traductores para explicárselo.

La sensación que me dio, fue que para alcanzar la comprensión no molestan ni las diferencias ni las distancias. Basta con ser honesto y mirar la realidad a la cara.

Ya camino al aeropuerto nos detuvimos para hacer una pequeña excursión por las montañas. Tenía sed y les pregunte a unos paisanos del lugar si sabían donde podía conseguir algo de beber. Con la hospitalidad característica de los pueblos del caucaso, me invitaron a sentarme a su mesa. Y nos quedamos hablando. Les pregunte como viven ahora, si se habían mejorado un poco las cosas.

Era gente muy simple, que no sabe ni de estrategias en la política internacional ni de manipulaciones mediáticas ni de transacciones financieras. Gente que se gana el pan con lo que produce su tierra. Me contaron cómo a su ciudad habían venido reclutas georgianos a los que les prometieron el indulto a cambio de la muerte de determinada cantidad de civiles. Con temblor en la voz fueron relatándome historias de crueldad salvaje. La de una mujer embarazada de ocho meses, por ejemplo, a la que le cortaron el vientre con un sable y le arrancaron el feto. Lo alzaron con orgullo y dijeron: “esto es lo que va a pasar con la nueva generación en Abjasia.”

“Eso no podía seguir así, gracias a Dios que Rusia nos apoyó, nunca vamos a dejar de estarles agradecidos” – me dijo uno de ellos. Y si bien no estaba segura de que fuera a entender a qué me estaba refiriendo, no pude dejar de comentarle: “usted sabe, en algunos lugares se dijo que Rusia los apoyó con la intención de conquistar territorio”. “¿Conquistar? Si hubiera sido así ahora aquí habría rusos como antes hubo georgianos, eso no es lógico, ¿cómo pueden decir eso?” – me contestó. Y la misma pregunta me sigo haciendo yo.

Después de haber tenido la posibilidad de ver como dialogan representantes de culturas completamente alejadas, después de haber tenido una conversación tan clara con una persona tan distinta a mí, volví a Moscú con la sensación de que entenderse es mucho mas accesible de lo pueda parecer. La verdad habla por sí misma en todas las lenguas. (Fuente)