Danial Ortega con Dmitry Medvedev
"La decisión tomada por Nicaragua es un acto dirigido a afirmar la primacía de los principios básicos del Derecho Internacional y a contribuir a la formación de un mundo multipolar y justo."

(El presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, despues del reconocimiento de la independencia de Abjasia por parte del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega.)

Solidaridad con Abjasia y con el pueblo de Osetia del Sur

Grupo de Amistad Parlamentaria Venezuela-Abjasia

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Lenin vive en repúblicas independientes

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Por Mario Lopez, 18/MAY/09:

Los publicistas del libre mercado no se cansan de repetir que hoy día el mundo vive bajo la quimera de la oferta y la demanda. Que fueron derrotados ¡y de qué manera! los intentos utópicos del socialismo. Que el mundo libre enterró en un buen momento el comunismo ateo y que por fortuna el planeta se encamina por los senderos de la libertad y la felicidad del dinero.

Tal vez, dicen, queda pendiente Cuba y Corea del Norte que se resisten a enterarse del derrumbamiento del muro de Berlín. Es como si en esos países la historia se hubiese detenido, agregan obsesionados. En todas partes rodaron las estatuas de Stalin y Lenin. Las calles recuperaron sus nombres primigenios, se revisaron los himnos, escudos y otros son los caracteres de sus billetes. Total, la sensatez se impuso.

No hay tal. Es cierto que el modelo soviético del socialismo hizo aguas y sus panteones uno tras otro cayeron como castillo de naipes, pero igual ha ocurrido ahora con el capitalismo. ¿Qué victoria cantan y celebran los propagandistas de la mano invisible del mercado? La historia ha demostrado que el mundo, contrario a lo sostenido por la guerra fría, no se puede enfocar en blanco y negro. Que la realidad es una mixtura de grises en permanente movimiento. O qué decir de Estados Unidos, donde su presidente apela al Estado y al bolsillo social de sus ciudadanos para ir en rescate de sus bancos y multinacionales quebrados. En que costal echar a Rusia, Vietnam y a la misma Europa. Cómo explicar la reticencia de Suiza a entrar en la Unión Europea. El primer mundo receta y exige que la gravitación del mercado no tenga interferencia pero sus sociedades están cada vez más protegidas por la regulación estatal. Muchas de las naciones desarrolladas en el fondo expresan una combinación manifiesta de estatismo social con estímulos controlados a la gestión privada. No hay capitalismo total, como tampoco, socialismo primitivo. Mucho menos comunismo, que jamás existió.

No estamos asistiendo a la verificación del éxito capitalista como modelo. En lo que estamos es en ajustar los remiendos de lo fundado en Bretton Woods. Por todas partes del planeta las sociedades buscan salidas y avenidas alternativas al Fondo Monetario; cuestionan la prédica de la Organización del Comercio y exigen cesar el cinismo medio ambiental. Tanto en Asia, como en América Latina, África y la misma Europa el pragmatismo social está en pleno apogeo.

Ni qué hablar de China o de los antiguos territorios de la era soviética. Baste mencionar cuatro ejemplos negados por la amnesia deliberada de la industria masiva: Abjasia, Osetia del Sur, Nagorno-Karabaj y Pridnestrovie.

A muchos les sonará raro, pero son Repúblicas independientes. Con gobiernos elegidos, instituciones separadas, banca central, fuerzas armadas que ya han librado guerras de todo tipo, idioma, moneda, himno, escudo, religión y tal vez lo más importante; no están desesperadas por que sus mercados dependan de las bondades “libres” de los paraísos fiscales.

Abjasia, anclada como mojón referencial entre Asia y Europa, es una hermosa región de clima subtropical cuya magia geográfica permite combinar en pocos minutos el ambiente de playa con las nieves perpetúas a más de 4 mil metros sobre el nivel del mar. Sus robles, por su cantidad como altura son envidia de toda Europa. No llega a los 250 mil habitantes pero más de un millón de turistas la visitan extasiados cada año. Tiene en belleza natural lo que la perfidia le ha quitado en respeto. Posee uno de los lagos más hermosos de montaña, el Ritsa; y a su vez la habita la cueva más profunda y extensa del planeta: Sima Krubera-Boronya.

Naciones ubicadas en el Cáucaso interior o bordeando el Mar Negro tan antiguas y agredidas como la mujer desde que tiene memoria. Por sus climas, frutos, montañas y doncellas han pasado todos los imperios. En su piel hay cicatrices de romanos, bizantinos y otomanos (hasta Alejandro Magno codicio sus prendas); también hay huellas de las garras de mongoles, zaristas y soviéticos, cuando no de los vecinos que las abusan impunes. Todos los credos las han querido convertir y en sus rezos hay prédicas de islamismo, cristianismo y ortodoxia griega. Pero ellas siguen ofreciendo la sangre en aras de decidir su propio destino.

Naciones sitiadas y bloqueadas, otras sin costas ni mares para mercadear sus productos. Osetia del Sur para citar sólo un ejemplo vive de trabajar la tierra para responder a la subsistencia y sus finanzas están atadas a la administración de un túnel, Roki, que usan Rusia y Georgia para intercomunicarse.

Pero lo que llama la atención es su tenacidad milenaria. Ninguna supremacía pudo destruir su cultura y hoy día la persistencia les da la razón; no así la comunidad de naciones que sigue mirando de soslayo esperando que el capataz mundial se canse de agredir para extender el reconocimiento.

Pero hay un caso tal vez único, que merece ser mencionado. Si Lenin estuviese vivo no tendría su residencia en Moscú. El líder incuestionable de los bolcheviques estaría hoy alejado de toda actividad descansando su humanidad en Tiraspól capital de la República de Pridnestrovie o Transnistria. En la actualidad con un poco más de 550 mil habitantes y sus 4.163 Kms. cuadrados de superficie, fue en la era soviética la locomotora industrial de toda la URSS. Es ahora un rincón, tal vez, el único, convertido en paraíso de los trabajadores que resolvieron convertirse en dueños de su patria. Pridnestrovie mantiene la hoz y el martillo tanto en su bandera como en su escudo. El rublo como moneda. Las estatuas del fundador de la URSS y los nombres de calles y lugares siguen intactos después del glasnost y la perestroika. Siguieron a Lenin antes que Moldavia y se mantuvieron fieles a la revolución roja pese a que, nuevamente, Moldavia pedía con afán su desvinculación de la URSS. Aún así Moldavia, que nunca ha podido gobernarlos los reclama como parte de su territorio. Igual ocurre con Georgia, Armenia y Azerbaiyán respecto de Abjasia, Osetia del Sur y Nagorno-Karabaj.

Además de su vocación por creer que hay vida por fuera del mercado y del consumo estas perlas terrenas perdidas en las diatribas de la geopolítica tiene algo más en común. Jossif Stalin en los albores de la revolución rusa las declaró regiones autónomas (siempre lo fueron), como lo mandaba la norma administrativa de la época, pero se cuidó que algunas de ellas no se distanciaran demasiado de su patria chica: Georgia. Esa ambivalencia, más explicada con la avidez que con la razón, ha servido para que los Laurenti Berias (georgiano, también) modernos, diestros en tumbar cabezas sin contrición, quieran seguir sometiendo a su capricho el destino de la gente.

Lo sorprendente de esta historia es que mientras las ex-URSS hacen fila estoica para que se les admita como “democracias occidentales”, un grupo considerable de obreros y trabajadores sorprendidos dentro de la fábrica por el derrumbamiento de su revolución resuelven con decisión inexplicable tomar en sus manos las propias riendas de su nación. Lenin vive. (Fuente)