Danial Ortega con Dmitry Medvedev
"La decisión tomada por Nicaragua es un acto dirigido a afirmar la primacía de los principios básicos del Derecho Internacional y a contribuir a la formación de un mundo multipolar y justo."

(El presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, despues del reconocimiento de la independencia de Abjasia por parte del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega.)

Solidaridad con Abjasia y con el pueblo de Osetia del Sur

Grupo de Amistad Parlamentaria Venezuela-Abjasia

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Independencia de Abjasia y Osetia tan irreversible como la de Kosovo

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09/08/2011 -- Mientras en Kosovo las tensiones con Serbia viven una nueva escalada y la OTAN se incremento su número de efectivos en la zona, Rusia garantiza con su presencia la paz en las repúblicas de Abjasia y Osetia del Sur. Cuando se cumplen tres años desde la guerra ruso-georgiana (8-12 de agosto de 2008), la independencia de abjasios y surosetas parece tan irreversible como la kosovar.

Coincidiendo con el tercer aniversario de la primera contienda militar librada por Rusia desde la caída de la Unión Soviética, el líder ruso, Dmitri Medvedev, remitió a la Duma un acuerdo para legitimar el emplazamiento de bases militares en territorio abjasio y suroseta. Por si había alguna duda, tras el reconocimiento de la independencia y la firma de acuerdos de asistencia en caso de agresión exterior, las bases rusas representan un punto de no retorno. Un Rubicón que Rusia no puede desandar. Poco importa que Georgia acepte o no firmar un pacto de no agresión. Los rusos garantizan la seguridad de las regiones secesionistas, al igual que hace la OTAN en Kosovo.

A Rusia le sale caro pagar la reconstrucción de Osetia del Sur, más aún cuando la mayor parte del dinero nunca ha llegado a su destino. Pero es un precio que el Kremlin está dispuesto a pagar para mantener a raya a la díscola Georgia. Además, la presencia de bases militares en ese pequeño reducto montañoso permite a Moscú recuperar la presencia perdida en el Cáucaso tras la caída del imperio soviético.

Lo mismo se puede decir de Abjasia, una región bañada por el mar Negro donde Rusia mantiene una base aérea y otra naval. El Gobierno ruso aporta 50 por ciento del presupuesto estatal abjasio, pero a cambio recibe el control de la plataforma continental y sus yacimientos, y firma lucrativos contratos para el tendido de redes de transporte y energía. Además, las canteras abjasias se encuentra a apenas unas decenas de kilómetros del balneario de Sochi, sede de las Olimpiadas de Invierno de 2014.

La independencia de Kosovo, que se consumó seis meses antes que la abjasia y suroseta, ya ha sido reconocida por 77 países. Pero, en honor a la verdad, muchos de esos reconocimientos responden al ya tradicional efecto dominó de la política exterior estadounidense y europea. Basta que Occidente lo haga, para que muchos les sigan. Mientras, Abjasia y Osetia del Sur han visto reconocida su recién ganada soberanía sólo por Rusia, Venezuela, Nicaragua y el atolón pacífico de Nauru. Hay comparaciones que son odiosas, pero ese no es un factor decisivo.

Sería injusto afirmar que Kosovo es un país floreciente y, en cambio, Osetia del Sur y Abjasia son estados fallidos. En estos momentos, esos dos pequeños territorios son protectorados de Rusia y lo seguirán siendo durante algún tiempo. Quizás Osetia del Sur lo sea para el resto de sus días. Poco importa que Medvedev haya dicho que en estos momentos no hay motivos jurídicos para que Osetia del Sur ingrese en la Federación Rusa. La mayoría de los surosetas son ciudadanos rusos y podrán desplazarse por territorio ruso sin necesidad de solicitar visado.

En cambio, Abjasia sí tiene más posibilidades de prosperar como estado independiente a medio plazo, ya que cuenta con muchos más recursos y representa un atractivo para los países de la zona, incluido Georgia.

Según un creciente número de analistas, cuanto antes Tiflis acepte como un hecho consumado que nunca recuperará los territorios perdidos en agosto de 2008, antes podrá sacar beneficio del nuevo estatus quo. El ingreso de Georgia en la OTAN era impensable con dos conflictos separatistas latentes. Por ello, aunque no esté en la agenda de los aliados, las posibilidades de acceder a la Alianza son mucho mayores si el país caucásico no tiene problemas territoriales. Además, es muy probable que Rusia y Georgia restablezcan relaciones diplomáticas cuando el actual presidente, Mijaíl Saakashvili, abandone el poder en 2013.

En cuanto a la comunidad internacional, el Congreso de Estados Unidos aprobó hace unos días una resolución en la que conmina a Rusia a respetar la integridad territorial georgiana, pero a Moscú no parece remorderle mucho la conciencia, teniendo en cuenta el precedente de Kosovo. Aunque no reconozcan a los nuevos estados, muchos países europeos consideran que Saakashvili cometió un grave error al invadir y bombardear Osetia del Sur, aunque se tratara de su propio territorio. Pocos son ya los que en Europa dan un duro porque Georgia recupere los territorios secesionistas.

Uno de los legados de la guerra en Osetia del Sur es que Rusia no está dispuesta a quedarse con los brazos cruzados, mientras Occidente revisa las fronteras europeas a su antojo. El otro es que la desintegración de la Unión Soviética puso al descubierto numerosos problemas étnicos y contenciosos territoriales que se agudizarán con el paso de los años y que en algunos casos desembocarán en conflictos, como el de Georgia. El enclave de Nagorno Karabaj, que enfrenta a armenios y azerbaiyanos desde 1988, y la franja moldava de Cisdniéster están en la lista de espera. (Fuente)