Danial Ortega con Dmitry Medvedev
"La decisión tomada por Nicaragua es un acto dirigido a afirmar la primacía de los principios básicos del Derecho Internacional y a contribuir a la formación de un mundo multipolar y justo."

(El presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, despues del reconocimiento de la independencia de Abjasia por parte del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega.)

Solidaridad con Abjasia y con el pueblo de Osetia del Sur

Grupo de Amistad Parlamentaria Venezuela-Abjasia

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Conflicto Ruso-Georgiano, Estado de la Situación

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Por: Euclides E. Tapia C., Profesor Titular de Relaciones Internacionales de la Universidad de Panamá

El conflicto entre la Federación de Rusia y Georgia, en Osetia del Sur, tiene como antecedente inmediato, la guerra de Kósovo, cuando los rusos se sintieron traicionados por la OTAN. En aquel entonces, los Acuerdos Dayton de 1995 garantizaban la integridad territorial de las repúblicas de la ex Yugoslavia, aliada de Moscú, pero al surgir la crisis en Kósovo, Occidente, reconoció la independencia de la provincia secesionista, a pesar de las objeciones rusas. Sumado a lo anterior, desde el colapso de la URSS, Rusia ha sido objeto de una dura realpolitik ejercida por Occidente a través de un cerco militar creciente, toda vez que la OTAN rápidamente incorporó la mayoría de los países de Europa central y del este pertenecientes al Pacto de Varsovia a su alianza.

No satisfecha con ello, la alianza occidental, procedió a cerrar mas el perímetro militar, cuando afilió también, repúblicas del antigua Unión Soviética, cooptando a los países bálticos y poniendo en la ruta de la ampliación a Ucrania y Georgia. Ante la situación planteada, el Kremlin siente que su seguridad está seriamente comprometida, máxime que en su periferia inmediata o su “extranjero cercano”, como denomina Moscú al espacio ex soviético, el escenario es bastante inestable, particularmente en la región del Cáucaso y la vecina Georgia.

A propósito de este último país, en el aparecen dos regiones: Osetia del Sur y Abjasia, por las cuales se enfrenan Moscú y Tbilisi. La primera, poblada por un grupo étnico de habla persa (66% de osetios -cristianos ortodoxos-, 29% de georgianos), aunque encuadrada dentro de las fronteras internacionales de Georgia, ha tenido conflictos anteriores con ese Estado.

En efecto, luego de la desintegración de la URSS, Georgia se independiza de Moscú en abril de 1991, pero de forma paralela, los sudosetios que desde septiembre de 1990 se habían autodeterminado, proclaman su autonomía de Tiflis, misma que fue abolida por Georgia .

La cuestión se tensa, cuando entre enero de 1991 y junio de 1992 se desata un conflicto bélico, que concluyó con la firma de los Acuerdos de Dagomis en julio de 1992.

Pese a ello, 19 de noviembre de 1992, Osetia del Sur votó en favor de su incorporación a Rusia, por lo que nuevamente se reinicia el conflicto. Como forma de subsanar temporalmente el diferendo, Rusia y Georgia, alcanzan un Acuerdo de paz, que estableció una fuerza de interposición en 1993, constituida por tropas rusas, surosetias y georgianas.

Con todo, en 1998 estallaron nuevos enfrentamientos en Abjasia, y en Osetia del Sur. Pocos años después, en 2006, reviviendo la bandera nacionalista y antirusa , Mijeíl Saakashvili gana las elecciones en Georgia y da un giro hacia occidente.

En contrapartida, el 12 de noviembre de 2006, la población de Osetia del Sur vota un referéndum a favor de su independencia. En 2008 la situación en la región se empieza a desestabilizar, al punto de que, durante la noche del 7 al 8 de agosto de 2008, las fuerzas armadas de Georgia inician una ofensiva propia de una declaración de guerra contra el territorio rebelde, para obligarlo manu militari, a formar parte de la legalidad constitucional georgiana. Comoquiera que Georgia empezó a atacar Tsjinval y varios pueblos que lo rodean, además de las fuerzas de paz rusas, que sufrieron alrededor de 13 muertos y 70 heridos, Moscú decidió contraatacar, en una guerra relámpago por el control de la región separatista. A renglón seguido, el conflicto con Osetia del Sur reavivó otro conflicto enquistado dentro de las fronteras georgianas, el abjasio, adormecido desde la última incursión georgiana que capturó el Alto Kodori, sin más consecuencias.

La guerra en Abjasia, república autónoma dentro de Georgia, tomó el relevo del conflicto osetio, pero resultando aún más cruenta con más de 7.000 víctimas y el éxodo de 200.000 georgianos que vivían en territorio abjasio.

Ello ocurrió, en virtud de que, aunque el acuerdo alcanzado con Georgia, el 26 de mayo de 1998, con la mediación de Rusia permitió el despliegue de cascos azules rusos en la línea de frente y puso fin temporal al conflicto armado previo, dejó en suspenso la cuestión política de fondo, ya que mientras Georgia consideraba innegociable su soberanía sobre el territorio abjasio, estos rechazaban cualquier tipo de relación, siquiera federal, con Georgia.

En razón de lo anterior y aprovechando los acontecimientos en Osetia del Sur, el 9 de agosto, el gobierno separatista abjasio estableció un nuevo frente de guerra al atacar a las fuerzas georgianas localizadas en el valle de Kodori.

Tras esa batalla, el ejército abjasio tomó el control completo del valle, por lo que todo el territorio de Abjasia quedó bajo la soberanía del gobierno separatista, cuyas autoridades manifestaron su intención de consolidar la frontera abjasio-georgiana a través de un acuerdo con Rusia para el despliegue de fuerzas de dicho país en la zona.

Ante los hechos, se produce la reacción de la comunidad internacional y en particular la intervención del Presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, quien intercede ante el Presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, para acordar un Plan de seis puntos dirigido a solucionar el conflicto.

El mismo incluía, no recurrir a la fuerza, cese de las hostilidades de manera definitiva, libre acceso de la ayuda humanitaria, retiro de las fuerzas militares rusas a las líneas que ocupaban antes del inicio de las hostilidades y el inicio de negociaciones internacionales sobre el futuro estatus de Osetia del sur y Abjasia.

No obstante lo anterior, por el momento, no resulta fácil predecir cómo y cuando el problema será resuelto de manera definitiva, máxime que tras el conflicto, basado en el precedente de Kósovo, Moscú reconoció la independencia de Osetia del Sur y Abjasia, estableciendo un particular modus vivendi.

Peor aún, el resentimiento osetio es tan profundo, que lo ocurrido lo califican como de catástrofe humanitaria y un genocidio a su pueblo.

En lo referente a los efectos de la guerra, cabe destacar que la aventura bélica, terminó siendo un error de cálculo del presidente georgiano, pues si la perspectiva inicial era repetir lo ocurrido en el alto Kodori y en Adzaria, donde Rusia no reaccionó, ahora, al producirse una rápida incursión y toma por sorpresa de Osetia del Sur, aprovechando la inauguración olímpica, el resultado fue un fracaso, pues la reacción rusa terminó siendo todo lo contrario. Más aun, Moscú aprovechó la coyuntura para mejorar su posición político-militar en el Cáucaso, al tiempo que perdió la confianza al presidente de Georgia, Mijeíl Saakashvili.

En consecuencia, la solución del problema para Rusia, pasa ahora por la renuncia de Georgia a la constitución de un Estado unitario y un cambio de gobierno en Tbilisi, ante la rotunda negativa de Moscú, de negociar con este país, mientras permanezca en el poder de forma directa o indirecta, su actual presidente.

Por el momento, el tiempo no parece conspirar contra Rusia, toda vez que su peso especifico en la arena internacional es imposible de ignorar, de allí que al parecer, los Estados Unidos continuará la política de “reinicio” en las relaciones con Moscú.

Es evidente además, que entre los logros que constituyen la nueva etapa en las relaciones ruso-estadounidenses, destacan la firma del nuevo Acuerdo de desarme nuclear. Por su parte, luego de seis meses del conflicto con Georgia, las relaciones OTAN y Europa con Rusia, alcanzaron su nivel optimo tras la reunión en Bruselas, la cual permitió la reanudación del Consejo OTAN-Rusia nivel ministerial y diplomático, mientras que en la cumbre de Lisboa, Rusia y la OTAN se declararon dispuestas a colaborar en materia de seguridad internacional, defensa antimisil y control sobre la evolución de programas nucleares en terceros países. (Fuente)